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La papa, un cultivo valioso para los países en desarrollo y para todos
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Cientos de millones de personas en los países en desarrollo están enfrentando una crisis debido al aumento de precios de los alimentos de primera necesidad. Los precios del arroz prácticamente se han duplicado en lo que va del 2008 y los precios del trigo también están subiendo rápidamente. Pero el precio de la papa, el tercer cultivo alimentario más importante del mundo, permanece estable.
La papa tiene el potencial de aliviar la presión de los incrementos de precios de los cereales entre las personas más pobres y contribuir significativamente a la seguridad alimentaria, según los especialistas del Centro Internacional de la Papa. En efecto, la papa es un cultivo sembrado y consumido localmente, con un comercio internacional significativamente pequeño en comparación con los cereales, por lo que constituye un alimento particularmente valioso para los países en desarrollo.
“Hoy, cientos de millones de personas en los países en desarrollo dependen de las papas,” afirma la Dra. Pamela K. Anderson, Directora General del Centro Internacional de la Papa. “Juntas, las poblaciones de áfrica, Asia y Oceanía consumen más de 113 millones de toneladas de papas por año. Muchos países en desarrollo están usando la papa para alimentar a sus poblaciones y ayudar a alimentar a los millones que nacen cada año”.
En 2007, la producción mundial del tubérculo alcanzó su récord: 320 millones de toneladas. Más aún, la producción en los países en desarrollo casi se ha duplicado desde 1991, con el correspondiente aumento en el consumo. Desde que terminó la guerra en Angola, la producción de papas en ese país aumentó en 1200 por ciento. En Ruanda, la producción de papa pasó de menos de 100 000 toneladas en 1961, a aproximadamente 1,3 millones de toneladas en 2007. China es el principal productor de papa del mundo, con 72 millones de toneladas, seguido de Rusia, India, Ucrania y los Estados Unidos.
Sin embargo, el potencial de la papa todavía no se ha hecho realidad plenamente y nunca había sido tan evidente hasta que los precios del arroz, trigo y maíz sufrieron las alzas recientes.
Las investigaciones realizadas hasta el momento han mejorado enormemente su productividad, resistencia a enfermedades y aumentado los ingresos potenciales, pero se requiere investigación adicional y apoyo a la investigación. Mientras los rendimientos promedio de papa en América del Norte y Europa occidental alcanzan a menudo 40 toneladas por hectárea, los rendimientos en los países en desarrollo generalmente están por debajo de las 20 toneladas por hectárea.
Los científicos del CIP calculan que el tizón tardío, el hongo causante de la muerte por inanición de un millón de irlandeses durante la Hambruna de la Papa en 1845-47, genera pérdidas en la producción de los países en desarrollo cercanas a los $2,75 mil millones por año.
La papa están contribuyendo sustancialmente a satisfacer la necesidad de alimentos en los países en desarrollo. Su consumo ha aumentado desde un promedio de 9 kg/persona en 1961-63 a más de 14 kg/persona actualmente. El cultivo es fundamental para los regímenes alimentarios de las poblaciones de América del Sur, áfrica, Asia y especialmente Asia central. La papa tiene muchas ventajas como cultivo comercial y alimentario. “Las papas producen más nutrición, energía y biomasa comestible por unidad de área y tiempo que otros cultivos esenciales,” señala la Dra. Anderson.
Las tasas de crecimiento de la papa no solo se han incrementado sino que han excedido las tasas de crecimiento de muchos otros productos alimenticios principales de los países en desarrollo en los últimos años. Mientras que el crecimiento de la producción de maíz, trigo y arroz ha sido más lento —y sólo en algunos casos (por ejemplo, trigo) considerable— en el último decenio, la producción de papa estuvo adelante, aumentando de ese modo su impacto y su potencial, particularmente en Asia.
A fines de marzo de 2008, el CIP conjuntamente con la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas auspició una conferencia mundial que produjo el “Desafío del Cusco,” un llamado a la comunidad mundial de investigación y desarrollo para que coloque la ciencia de la papa al servicio de los pobres.