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Carlos Ochoa: una vida dedicada a las papas



"El mundo ha perdido a uno de los eruditos que más conocía sobre las papas sudamericanas," dijo el Director General Adjunto de Investigación del CIP, Dr. Charles Crissman. "El profesor Ochoa fue desde hace mucho tiempo un gran colaborador del CIP y nos hemos beneficiado enormemente de su conocimiento."

Durante 40 años, el Ing. Carlos Ochoa, un buscador implacable de plantas, ha explorado abruptos valles y alturas andinas, sorteando mil peligros y viviendo toda clase de  aventuras --como asaltos de abigeos y terroristas-- en la búsqueda de antiguas especies de papa que contengan los genes que aseguren el sustento de las generaciones futuras.

Ochoa, Científico Emérito del Centro Internacional de la Papa (CIP), cuya sede central se encuentra en la capital peruana, es popularmente conocido como el Indiana Jones de la Papa, debido a su cruzada personal para encontrar especies silvestres desconocidas, escondidas aún en los Andes. El solo ha descubierto más especies de papa que ningún otro hombre en la historia: ochenta, casi un tercio de las papas silvestres conocidas.

Por una vida dedicada a la exploración científica, fue premiado en 1992 por la Organización de Estados Americanos (OEA) con el premio Interamericano de Ciencias Bernardo A. Houssay, haciéndose acreedor a 30 mil dólares americanos. En julio del 2001, el gobierno peruano, en reconocimiento a su cruzada por salvaguardar la papa, le otorgó la condecoración de la Orden del Sol en el grado de comendador. Numerosas universidades peruanas, por su parte, lo han galardonado como Doctor Honoris Causa.

El mundo científico también le ha rendido homenaje: tres especies de papa llevan su nombre.
 
La papa de Darwin
Aunque tiene mil anécdotas, dice que uno de los momentos más gratificantes de su trayectoria científica ocurrió en 1969, cuando redescubrió una papa descrita por primera vez en 1830 por Charles Darwin, el naturalista inglés que formuló la teoría de la evolución de las especies. La halló en una cueva de vientos encontrados en el archipiélago de Chiloé, mar afuera de las costas de Chile, exactamente donde Darwin la vió por primera vez. Fue el primer informe acerca de esa papa en más de 150 años.

Para hallarla, tuvo que vadear un pantano lleno de sanguijuelas. Darwin había descrito la planta de papa como una especie silvestre nativa de Chile, pero Ochoa cuestionaba ese origen. Sin embargo, necesitaba una prueba viviente para refutarlo. "Con la papa en mis manos, dice Ochoa, pude constatar que esa planta no era una especie silvestre, sino una papa 'escapada' –es decir, una planta de papa viviendo en el monte– que había escapado del cultivo".

La papa de Darwin tiene una gran tolerancia a la salinidad del suelo. Según Ochoa, la papa de Darwin probablemente fue llevada a las islas chilenas por pescadores o cazadores marinos para su consumo. En el siglo pasado, las papas eran consumidas por los marineros como prevención contra el escorbuto, una enfermedad producida por deficiencia de vitamina C.

Actualmente, muestras vivas de la papa de Darwin están disponibles en el banco genético que el CIP tiene en Lima, listas para usarse en programas de mejoramiento alrededor del mundo.

El mérito del trabajo de Ochoa, y de otros colectores de especies silvestres, es que salvarguardan la diversidad genética de diferentes especies que permite a los científicos desarrollar nuevas variedades aptas para cultivarse bajo difíciles condiciones ambientales, producir altos rendimientos o resistir enfermedades y plagas causadas por diversos insectos.

Hasta 1971, cuando se unió al Centro Internacional de la Papa (CIP), Ochoa financió de su bolsillo gran parte de sus expediciones. Por eso, en alguna oportunidad, el Director General del CIP, Hubert Zandstra, dijo que "Ochoa es en parte científico, en parte investigador, en parte empresario y en parte aventurero".

Del Trigo a la Papa
Muchas de las especies que él descubrió y salvó se encuentran ya extinguidas. Así ocurrió con una especie de Colombia, que sucumbió bajo la lava ardiente de una erupción volcánica. Otras, simplemente fueron trituradas por las excavadoras de los constructores de la carretera Panamericana o arrasadas cuando se invadió su hábitat para levantar barriadas en la periferia de la capital peruana.

Antes de unirse al CIP, Ochoa fue profesor de mejoramiento genético de plantas en la Universidad Nacional Agraria de La Molina, en Lima. En la actualidad, por lo menos una docena de estudiantes de Ochoa son miembros conspicuos del staff del CIP, el más completo centro de investigación mundial del tubérculo.

Su primer trabajo no tuvo que ver con tubérculos sino con cereales: desarrolló un híbrido de trigo en una estación de investigación agrícola del Perú. Entonces se preguntó por qué sembrar trigo en las colinas de las serranías, el lugar ideal para sembrar papa y donde es cultivada desde hace más de 8,000 años.

Admirador de Nikolái Vavilov, famoso genetista y colector de plantas ruso –que opinaba que la papa era oriunda de los Andes– Ochoa se planteó la obligación moral de colectar y evaluar en cada lugar las diferentes especies de papa existentes, pero la suya era una carrera contra el tiempo debido a que los agricultores de la sierra migraban aceleradamente a las ciudades de la costa, abandonando sus campos de papa y los andenes (o terrazas) cultivados durante cientos de años. 

"Las especies sembradas estaban en peligro de desaparecer y el medio ambiente donde se encontraban las especies silvestres estaba cambiando por la erosión, deforestación y asfixiándose por la abundancia de pesticidas. Había el peligro de perder especies de papa antes de que hubieran sido descubiertas", recuerda.

Ochoa aprovechó las estaciones lluviosas, cuando las plantas de papa florecen y son fáciles de encontrar, para incursionar en ignotos valles andinos en busca de papas no domesticadas, de especies todavía no descubiertas, plantas silvestres pero finas, con frecuencia hermosas pero de amargos e incomibles tubérculos, inservibles para comida, aunque inapreciables por su valor genético, porque a partir de ellas se pueden obtener papas con valor comercial.

"Al comienzo, buscaba en altiplanicies y desiertos", rememora. Pronto aprendió que los mejores lugares para buscar eran los templados valles de los andes. Esos largos meses de solitaria exploración lo expusieron con frecuencia a muchos peligros y más de una vez tropezó con bandidos y alzados en armas.

Un tesoro poco apreciado
Una vez, en las afueras del departamento de Cajamarca, a 856 kilometros de Lima, unos ladrones lo confundieron con un buscador de tesoros. Ellos no podían entender que el "tesoro" de Ochoa consistiera en unas humildes plantas de papa y lo empujaron barranco abajo. Felizmente quedó asido de un saliente de la montaña, de allí cayó a un río y pudo escapar…¡con sus papas silvestres a salvo!

En otra ocasión, en Colombia, mientras examinaba unas papas silvestres, erupcionó un volcán que había estado dormido durante varios años. Ochoa apenas tuvo tiempo de escapar con sus especies silvestres a buen recaudo. Fueron las únicas que sobrevivieron, porque las que dejó en el campo fueron destruidas por la lava.    

Uno de los últimos viajes de Ochoa ha sido al desierto del norte del Perú, uno de los lugares más secos de la tierra. Después de un viaje de dos semanas, retornó con una muestra de mini-tubérculos de papa tolerantes a la sequía, que fue colectada por primera vez hace 30 años, y que se cree tiene resistencia al tizón tardío, una de las peores enfermedades que diezman su cultivo en el mundo.

"La posibilidad de descubrir nuevas especies silvestres de papa es muy remota, porque casi todas han sido destruídas, ya sea por causas humanas o naturales", asegura.

Miembro del Smithsonian Institute de Washington D.C. y de la Sociedad Linnena de Londres, actualmente trabaja documentando las plantas que ha colectado durante su carrera. En agosto de 2003, publicó un compendio inapreciable: Las Papas del Perú, Base de datos 1947-1997. Anteriormente, vio la luz Las papas de Sud America: Perú, un valioso libro de más de mil páginas en el que ofrece una descripción minuciosa de casi cien especies silvestres del tubérculo, que a su vez representan aproximadamente el 50 por ciento de las especies silvestres existentes en el continente americano. También ha publicado un libro sobre las papas silvestres de Bolivia que constituye uno de los estudios más completos sobre la diversidad y taxonomía de la papa de ese país.