Después de la guerra civil y el consecuente genocidio en Ruanda, durante los meses de junio y julio de 1994 más de un millón de refugiados pasaron las fronteras hacia las zonas vecinas de Zaire (actualmente República Democrática del Congo). Es así que se establecieron campos de refugiados, bajo el auspicio de las Naciones Unidas y diversas ONG. La población desplazada vivió en estos campos durante algo más de dos años, hasta que, en octubre de 1996, fueran dispersados, algunos hacia su país de origen, Ruanda, y otros hacia otros lugares en la RDC. En 1998, Motombo Tanganik y Phemba Phezo, del Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INERA), condujeron una encuesta en el sur de Kivu, RDC, sobre el impacto de esta crisis en la agricultura local.
Los programas nacionales de papa y batata del INERA tienen su sede en la Estación de Investigación de Mulungu, en Bukavu, RDC, cerca al anterior campo de refugiados. Estos programas forman parte de la red PRAPACE y, en los últimos 20 años, han recibido del CIP germoplasma mejorado y capacitación. La estación se involucró en la multiplicación de material de siembra destinado a los agricultores locales, quienes vendían su cosecha directamente a los refugiados así como a las agencias de ayuda.
Las alturas del sur de Kivu son montañosas y la tierra cultivable está situada en áreas de elevaciones media y alta (1,400-2,500 metros sobre el nivel del mar). El cultivo predominante es la banana, que localmente se consume sobre todo como cerveza. Los cultivos más importantes son la batata, el frijol, el maíz, la yuca y la papa. La batata, conocida como cilera abana o "protectora de los niños", es cultivada por todos en pequeña escala para garantizar la seguridad alimentaria. Junto con otros vegetales, la papa es cultivada extensamente, casi siempre por los miembros más ricos de la comunidad, como un cultivo comercial en pantanos drenados. Para responder al mercado de refugiados durante la crisis, los agricultores pudieron intensificar rápidamente la producción de estos dos cultivos.
En respuesta a la demanda de los refugiados, que crecía día a día, gran parte de los agricultores dedicados al cultivo de papa aumentaron la frecuencia de su producción, pasando de una a dos o hasta a tres cosechas al año. Más de la mitad de los agricultores entrevistados disminuyeron el área de plantación de otros cultivos para así poder aumentar la producción de papa. Esto ocurrió a expensas del frijol, del maíz, de la yuca y del sorgo. Dos tercios de los agricultores adoptaron nuevas variedades, entre ellas, la Cruza 148 (720118), traída de México a fines de los 70. Esta variedad tiene un rendimiento relativamente alto, es resistente al tizón tardío y tolerante a la marchitez bacteriana. Sin embargo, su aceptación ha sido limitada, debido a que su calidad culinaria es relativamente deficiente, por lo que su introducción en el mercado no es fácil. No obstante, para el mercado de refugiados esto obviamente carecía de importancia, y rápidamente se convirtió en la variedad más cultivada. También se adoptaron otras variedades desarrolladas, como Montsama (720049) y la selección de Ruanda llamada Mabondo. Se obtuvo semilla proveniente de la estación experimental de Mulungu, de la extensión y de las ONG. Algunas semillas fueron también traídas por los mismos refugiados. La disponibilidad de refugiados para realizar faenas de campo estimuló a los agricultores locales a adoptar prácticas de cultivo relativamente intensas en mano de obra. Estas incluían cubrir densamente las plantas durante la siembra, la labranza profunda, la preparación y aplicación de compost orgánico, el drenaje de lotes pantanosos y el aporque alto. Más de la mitad de los agricultores aumentaron el uso de fungicidas para controlar el tizón tardío, y un 42 por ciento arrancaron de raíz las plantas enfermas o sospechosas, para así mejorar la calidad de la semilla.
La presencia de un mercado disponible motivó a todos los agricultores entrevistados a incrementar significativamente la producción de batata. La gran mayoría empezó a cultivar la batata dos veces al año, reduciendo el área destinada a las plantaciones de maíz, frijol, maní y vegetales. Más de la mitad de los agricultores plantó nuevas variedades, disponibles en la estación de Mulungu. Estas nuevas variedades habían sido seleccionadas principalmente por su precocidad y alto rendimiento: Karebe II y Mugande, variedades regionales de los agricultores, inicialmente identificadas como superiores por el programa de investigación de Ruanda; Yanshu 1, variedad china de alto rendimiento y precocidad, normalmente calificada por los paneles de degustación en África como marginal; Mulungu I, variedad local de agricultores congoleños, recientemente identificada como superior por los investigadores; y Benikomachi, variedad japonesa de rendimiento relativamente bajo, pero de excelente sabor. La preferencia de los agricultores por Yanshu 1 por encima de la de mejor sabor, Benikomashi, indica que el mercado de refugiados está dispuesto a aceptar variedades de calidad culinaria relativamente baja.
El estudio de este caso ilustra los efectos positivos que tiene el aplicar tecnología agrícola en un programa de respuesta rápida a los desastres, cuyo costo aumenta de una forma alarmante en el África Subsahariana. La papa y la batata jugarán roles importantes por ser cultivos de estación corta, nutritivos y disponibles localmente. El CIP y el PRAPACE continuarán trabajando con socios y donantes para que estén disponibles tan rápida y eficientemente como sea posible en situaciones de emergencia, y al mismo tiempo desarrollarán una estrategia a largo plazo para ampliar las oportunidades del mercado.