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Fijando el rumbo

Hubert Zandstra, CIP Director GeneralEl año 2000 presentó una serie de oportunidades, desafíos y aciertos que ayudaron al CIP a consolidar sus fortalezas, definir sus áreas de concentración y fijar un rumbo claro para el futuro. Como corresponde a un año de cambio de milenio, fue un tiempo de renovación que nos permitió entrar en el 2001, año del 30º aniversario de nuestra fundación, con la certeza de que continuamos ayudando a reducir la pobreza y a brindar una mayor seguridad alimentaria a los más pobres del mundo. Actualmente, la tasa neta de retorno de la inversión del Centro se estima, conservadoramente, en US$150 millones al año. Y esto representa sólo un 30 a 40 por ciento del impacto que la investigación del CIP tendrá a medida que los beneficios de nuestra labor de mejoramiento empiecen a sentirse en todo el mundo.

El Centro Internacional de la Papa se fundó hace treinta años sobre la base de la cooperación directa y práctica. Desde esa fecha, hemos trabajado hombro a hombro con nuestros asociados y las partes involucradas en el campo, laboratorios y centros de investigación avanzada de todo el mundo. Hoy, podemos dar fe de la eficacia del principio de asociación. Metas, trabajo y recursos compartidos generan beneficios sustanciales a la población de los países en vías de desarrollo, tal como las Historias del campo lo relatan con extraordinaria elocuencia en esta Memoria Anual.

Gracias al incremento espectacular de la producción de papa en los países en vías de desarrollo, los agricultores pobres han logrado mayores ingresos, con lo cual han mejorado las condiciones de vida de sus familias y diversificado su dieta. Nuestra historia de Kabale, Uganda, titulada Calidad, el mejor argumento: sistemas artesanales de semillas se popularizan (página 18), es un ejemplo de las diversas áreas de investigación que convergen en los sistemas campesinos de producción de semillas para hacer realidad una vida mejor. El camote rápidamente está adquiriendo reconocimiento como un alimento valioso para personas y animales y como fuente de materias primas para la industria. La creciente importancia de esta raíz comestible como factor clave de los logros del CIP ha sido documentada en numerosos estudios de evaluación de impacto y su flexibilidad se hace evidente en varias historias presentadas en esta Memoria Anual. El reconocimiento de que las raíces y tubérculos andinos que hemos ayudado a proteger de la extinción constituyen una fuente importante de nutrición e ingresos para los agricultores pobres del Ande es cada vez mayor. La arracacha constituye un buen ejemplo. La asociación del CIP con el Consorcio para el Desarrollo Sostenible de los Andes (CONDESAN) para desarrollar el potencial de este cultivo se describe en Arracacha: un cultivo perdido llega al mercado (página 30).

Los proyectos de gran aplicabilidad del CIP hacen posible mejoras directas en las condiciones de vida de familias campesinas pobres. En sus trabajos con papa realizados durante el año 2000, los científicos del Centro identificaron y mejoraron nuevas fuentes de resistencia al tizón tardío en especies emparentadas con la papa. Los científicos produjeron más de 30 nuevas variedades de papa, todas resistentes al tizón tardío, y las distribuyeron a varios países en vías de desarrollo. Los programas nacionales de esos países seleccionaron no menos de cinco nuevas variedades de papa del material fitogenético del CIP y las difundieron entre sus agricultores.

Con el camote, la biotecnología ayudó a identificar genes relacionados con rasgos deseables en cuanto a volumen de producción y uso; la ingeniería genética produjo plantas resistentes a virus y a una plaga sumamente dañina de gorgojos; y cinco variedades nativas de camote se difundieron en Africa luego de que los agricultores, en colaboración con científicos del CIP, ayudaran a evaluar su rendimiento.

Aún más importante es que los estudios de impacto demostraron que la totalidad de los beneficios de las tecnologías del CIP esta aún por hacerse realidad. Hasta la fecha, el impacto de la investigación del CIP ha sido más notorio en la reducción de las pérdidas de productividad mediante sistemas de producción de semilla mejorada, control integrado de plagas y enfermedades y manejo poscosecha. Pero se está comenzando a ver un aumento impresionante en la productividad en los países en vías de desarrollo alrededor del mundo gracias a las nuevas variedades resultantes de la investigación fitogenética del CIP.

Junto con estos alentadores logros, el 2000 también planteó desafíos considerables. A principios de año, reducciones inesperadas en la asignación de recursos provenientes de fuentes clave obligaron al CIP a tomar medidas de inmediato, lo que implicó reevaluar tanto los programas como la asignación de recursos. Si bien el Centro recibió apoyo suplementario de donantes y del Comité Financiero del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), era evidente que este apoyo no sería suficiente para cubrir las pérdidas sin efectuar también reducciones en un presupuesto desde ya exiguo y, lamentablemente, en el personal. Luego de un análisis minucioso de las prioridades del programa, tuvimos que prescindir de los servicios de un 15 por ciento de nuestros colegas contratados internacionalmente, muchos de los cuales habían estado con nosotros por más de una década.

El CIP surgió de este proceso con un programa de acción y con objetivos mucho más definidos. La reducción del número de proyectos de 17 a 13 nos ha permitido una mayor integración de los proyectos y la reagrupación de nuestro personal en equipos de investigación más eficientes. Si bien quedan algunos ajustes por hacer, hemos logrado mucho y nuestro personal es digno de reconocimiento por haber asumido voluntariamente esta enorme tarea que se sumó a un volumen de trabajo de por sí bastante fuerte.

En el marco más amplio de la reforma del CGIAR, estamos poniendo en ejecución mecanismos que nos ayudarán a definir el rumbo para el futuro, tales como talleres consultivos regionales en las zonas principales de nuestro programa. Hemos concentrado nuestro enfoque en la reducción de la pobreza y redoblaremos esfuerzos y dedicaremos más recursos para beneficiar directamente a los más pobres. Ello incluye la Iniciativa Estratégica sobre Agricultura Urbana y Periurbana (SIUPA), el proyecto VITAA (Vitamina A para Africa), orientado a fomentar un mayor consumo de camote anaranjado en el sub Sahara africano, y el Programa Global de Montañas (PMG). También hemos identificado medios más eficaces de ayudar a programas nacionales y responder a llamados de ayuda en casos de desastre.

En las próximas décadas, el aporte de raíces comestibles y tubérculos para satisfacer las necesidades de alimentación a nivel mundial continuará en aumento. A medida que el CGIAR analice y actualice su marco institucional y programático, el papel crucial que cumple el CIP en este proceso de desarrollo será plenamente reconocido y respaldado sin ninguna duda. Mientras, ayudamos a cumplir la promesa de nuevas tecnologías. 30 años en el campo nos han enseñado que nuestra experiencia con agricultores y científicos de todo el mundo, la extensión de nuestras redes de trabajo y nuestro énfasis en enfoques integrales de sistemas agrícolas y de recursos continuarán siendo cruciales para ofrecer soluciones sostenibles.

Hoy, el CIP se prepara a enfrentar los desafíos futuros en consulta directa con nuestros asociados de Future Harvest y las partes interesadas a nivel local, nacional y regional. Pero lo hacemos sin perder de vista el escenario mundial. Las repercusiones a nivel mundial de gran parte de nuestra labor -por ejemplo, en la conservación de germoplasma, agricultura urbana, manejo de recursos naturales y tizón tardío- apuntalarán de manera significativa nuestra tarea local y regional.

Para terminar, quisiera recordar que el año 2000 fue también un año de celebración para el CIP. Celebración que comenzó a fines de 1999, con la reafirmación de nuestra importancia mediante la suscripción de un convenio que otorgaba al Centro personería jurídica plena como organización internacional. A ello siguió, en marzo del 2000, la renovación del convenio con el gobierno de nuestro país anfitrión, el Perú. Estos hitos institucionales -conmemorados en el libro La papa, tesoro de los Andes- son muestra de la excelente relación que el CIP ha mantenido con sus leales colaboradores a lo largo de tres décadas.

En esta Memoria Anual dirigida a todos nuestros amigos, hemos reunido testimonios de la presencia del CIP en la vida de quienes trabajan con nosotros y para quienes nosotros trabajamos en Africa, Asia y América Latina. En las páginas siguientes, verán sus rostros y leerán sus testimonios. Los logros de nuestra investigación serán presentados con mayor detalle en nuestro Informe de Programas 1999-2000. Mientras tanto, esperamos que estas Historias del campo sirvan para transmitir la fidelidad del CIP a sus principios fundacionales, su acertada aplicación para asegurar una vida mejor y su valor e importancia para el futuro.

Hubert Zandstra
Director General