El Ejercicio de Visión del Centro Internacional de la Papa, que concluyó en el 2003, reafirmó el compromiso del CIP de poner la ciencia del Centro al servicio pleno de las personas y el planeta. No obstante la complejidad de este compromiso y la vastedad de inquietudes y aspectos que entraña, el ejercicio nos ayudó a reafirmar las capacidades de nuestro Centro, así como la determinación compartida de nuestro personal y socios de contribuir a hacer frente a los desafíos planteados por los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas.
Los ODM proporcionaron al CIP el marco para un minucioso proceso de autoanálisis que nos ayudó a identificar las esferas de actividad –dentro de la amplia gama de desafíos que plantean– en las que ya estábamos plenamente alineados con los objetivos propuestos, así como aquellas en las que necesitábamos definir mejor nuestras áreas de concentración o reestructurar nuestro programa para obtener los resultados que exige nuestra misión. Gracias al sólido liderazgo de la Dra. Pamela Anderson, Directora General Adjunta de Investigación, llegamos a fin de año con una estructura de investigación totalmente remozada, realineada para lograr el máximo impacto en los campos de acción identificados por nuestro plenario de visión. Esta nueva estructura nos proporciona un marco sólido dentro del cual podemos avanzar para afinar nuestras actividades de investigación: eliminar lo superfluo (no en función del valor absoluto sino de la contribución a nuestros objetivos seleccionados meticulosamente), fortalecer nuestras capacidades en campos clave y forjar la experiencia y las alianzas necesarias para hacer frente a los desafíos que hemos señalado. Con seis nuevas Divisiones de Investigación, ocho sólidos Proyectos de Alianza y una cartera de Proyectos de Desarrollo de Países Emergentes, el CIP está preparado para hacer realidad nuestra visión. Los donantes han reconocido nuestro grado de preparación al asignar fondos para nuevos proyectos importantes y renovar su apoyo a los esfuerzos que ya se encuentran en marcha. En esta publicación informamos sobre muchas de estas iniciativas.
A medida que avanzábamos en este intenso proceso de realineamiento, recordamos que la renovación es más eficaz cuando se asienta sobre el firme reconocimiento y el afianzamiento de las fortalezas demostradas. Con esto en mente, agrupamos la nueva estructura de programas del CIP en torno a los que han sido por largo tiempo nuestros campos de investigación medulares: evaluación y aumento del impacto, conservación y caracterización de recursos genéticos, aumento y mejora de cultivos y manejo de recursos naturales. Solamente una de las nuevas Divisiones de Investigación representa un campo que, como tal, es nuevo para el CIP: la salud humana. Esto no significa que la inquietud por la salud humana sea nueva para nosotros. Más bien, el ejercicio de visión nos ayudó a apreciar la amplia experiencia y eficacia del CIP en el trabajo de mejorar la salud humana, el potencial enorme de nuestros cultivos bajo mandato para contribuir aún más significativamente a ella, y la viabilidad –mediante el establecimiento de alianzas y la armonización de capacidades estratégicas– para tener un impacto contundente en este campo de vital importancia.
En otro frente, el ejercicio de visión confirmó la vigencia de uno de los principios fundacionales del CIP: la fuerza de las alianzas. El tiempo ha demostrado, tanto a nosotros como a muchos de nuestros colegas en todo el mundo, que la única manera de hacer frente a los complejos problemas del mundo en desarrollo y de maximizar cada uno de nuestros aportes individuales a su solución es la cooperación innovadora y eficaz. Es por ello que en nuestro nuevo programa hemos dado mayor relieve a las alianzas, brindando un impulso renovado a aquellas iniciativas que contribuirán de manera esencial a hacer frente a inquietudes apremiantes que de otro modo serían demasiado vastas para que podamos abordarlas. Entre los Programas de Alianzas incluidos en nuestro nuevo programa se encuentran dos que son extensivos a todo el sistema y que están liderados por el CIP, cinco iniciativas regionales y una red de investigación mundial. Las alianzas del CIP incluyen también un compromiso activo en los tres Programas Piloto de Desafío del CGIAR.
Para el CIP, el 2003 también marcó el retorno a la estabilidad financiera. Después de varios años de déficit, resultante de tasas de cambio desfavorables y menores ingresos, pudimos captar fondos muy superiores a los presupuestados y reconstruir nuestras reservas financieras. Ello fue posible gracias a las medidas de reducción de costos iniciadas en el 2002, aunadas a una mayor recuperación de costos de los proyectos restringidos. El CIP anticipa una situación financiera próspera en el 2004, por el aumento global de los ingresos provenientes de una mayor cantidad de proyectos restringidos de más valor y una cartera más sólida de propuestas pendientes.
A nivel del sistema, nos alienta la decisión del CGIAR de establecer un vigoroso Consejo de Ciencia, capaz de hacer recomendaciones informadas a los donantes sobre el establecimiento de prioridades y la asignación de recursos. Ello, aunado a la consolidación de la oficina de la Alianza Cosecha del Futuro (Future Harvest) para integrar los esfuerzos de todo el sistema, nos ayudarán a hacer grandes progresos, conjuntamente y como centros individuales, hacia nuestras metas y misión compartidas.
Para terminar, me complace enormemente que nuestra Junta Directiva haya elegido a Pamela Anderson para ocupar mi lugar cuando me retire del cargo de Director General en el 2005. La dedicación y el talento de Pamela –y la oportunidad que tendremos de trabajar juntos para asegurar una transición fluida para el CIP– ciertamente contribuirán a convertir a la visión del CIP en una fuente de cambios favorables y sostenibles para las personas y el planeta, hacia los que se dirigen nuestros esfuerzos por servir.
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Hubert Zanstra
Director General |
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